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MOBBING. EL ACOSO MORAL QUE PARALIZÓ MI VIDA
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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO
Ya podía justificar al mundo que mis llantos, mi falta de memoria y concentración no era una excusa para seguir desempeñando mi trabajo. Me sentía como si estuviera flotando en el espacio, escondiéndome en el lado más oscuro de mi mente para ocultar mi desesperación. La sensación que percibía era como si una gran montaña de piedras, árboles, espinas y muchísima tierra hubieran caído sobre mí. No estaba físicamente muerta, pero permanecía inmóvil de cuerpo y mente, bajo su inmenso poder. Oía las voces de las personas que me quieren y me rodean queriendo excavar en el barro para sacarme de allí. Yo seguía paralizada, con los ojos abiertos y la mirada perdida; sin poder respirar, sin pedir auxilio, sin ganas de luchar. Los oídos me retumbaban con profundas voces y sonidos como: "¡Anímate! Tienes que salir de esto. Eres tú misma la que lo tiene que hacer. Tienes que salir a pasear para distraerte. No dejes de arreglarte". Pero para mí sólo eran ecos lejanos en la montaña que me enterraba, causándome más dolor, haciendo acrecentar mi culpa por ser víctima de una enfermedad que ellos no entendían, ni siquiera yo misma. Las personas que me rodeaban no veían la escayola que envolvía mi vida: mi mente, mis pensamientos, mi voluntad. Esa escayola que sólo yo sentía, aprisionándome dentro de ese yeso invisble sin poder moverme, esa enfermedad irreal e intangible que me privaba de mi libertad como ser vivo, en mente, físico y espíritu, y que atrofió mi memoria dejándome sin identidad.
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