En este poemario, la autora se detiene a observar en su interior y en la belleza de los paisajes que la rodean para intentar desatar aquellos núcleos de la memoria consciente e inconsciente que le impiden avanzar hacia nuevos horizontes.
Confiesa a través de estos versos sus ganas de vivir, y su amor a la vida y al amor. Plena de vitalidad, abandona las cruces o la cruz que la ha retenido para enfrentar en libertad nuevamente la vida.
Es posible que, a través de los años, nuevos nudos se formen; que nuevos dolores y alegrías la envuelvan. Pero ella está dispuesta a decirle sí a los desfíos y a testificar, como dirían las memorias de aquel poeta maravilloso que fue y es Pablo Neruda, Confieso que he vivido.